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lunes, 4 de febrero de 2008

jurassic park



No es casualidad, amigos/as, que más de 2500 años de historia de la humanidad se condensen en una misma foto que no corresponde a El nombre de la Rosa, sino que fue tomada hoy, 4 de febrero de 2008, a las 11 am (como si unas horas más o unas horas menos pudieran cambiar algo) en la polvorosa biblioteca donde dejo las mejores horas de mi día. En la fotografía en cuestión pueden apreciar, en primer plano, a la bisabisabisabuela de mi querida Olivia, ruidosa, dura, desaceitada y desentintada máquina de escribir, que para sorpresa de todos uds. NO se trata de una pieza de museo sino de una herramienta indispensable a la hora de asociar estudiantes a la biblioteca. Sin ella, cuántos menos profesionales tendría la UNR en estos últimos 100 años, eh!

Una vez realizada la correspondiente ficha cartulinada del asociativismo bibliotecológico, la misma es archivada por orden alfanumérico en el dromedario que pueden observar a la izquierda de la bisabisabisa, y en la puerta de cada cajoncito desplegable de rieles metálicos, se coloca la letra abecedérica correspondiente a la información contenida en ella, de esa manera, un apellido como Arrieta, por ejemplo, será debidamente encontrado en el cajón de inicial A-D. Lo mismo para Almada, Beltrán, Costa y Danesi. Entre otros, por supuesto.

Bien, supongamos que ahora, y siguiendo cierta lógica recurrente, un estudiante olfachón decide utilizar su carnet asociante para trasladar al seno de su hogar algun libro de insoportable materia y peso específico, y llega al mostrador reclamando asesoramiento bibliográfico, sacando, de esa manera, a las bibliotecarias de turno del plácido sueño estival. Al cabo de un rato y tras una suerte de entreverados acertijos (ya que es dificil buscar un libro del cual el futuro lector desconoce tanto el título como el autor), al señorito estudioso le es entregado en mano un desvencijado libro destartalado del cual se extrae una ficha, que deberá ser completada con sus datos alfanuméricos y la fecha de retiro y correspondiente devolución del ejemplar en cuestión, como así también la firma garabateante del imberbe iniciado. Mientras tanto, con la otra mano y la media neurona disponible, las profesionales buscamos en la hilera correspondiente a las fichas de lectores en la incial específica del estudiante en cuestión, y extraemos cual bolilla del sorteo nativideño, la acartulinada data oficial del mismo, en donde anotaremos el libro bibliográfico que el señor o la señorita trasladarán cual cascote en la mochila a sus cocinas mateadas y/o pucheadas y/o cerveceadas de la vida licenciosa de estudiante universitario. Toda esta tramitación correspondiente al sistema newark deberá realizarse sobre el dromedario recostado sobre la derecha de la bisabisabisa, en una mesa dispuesta para tal fin.

Así es, amigos/as, que tales proezas de la mente humana me tienen entretenida buena parte de mi dia laboral en las modernísimas instalaciones de la biblioteca de la universidad pública, una de las mejores facultades del pais, que conste. Desde la Biblioteca de Alejandría hasta la rotulación impréntica de Gutemberg, pasando por los sistemas de catalogación y clasificación de la totalidad del conocimiento humano, y en el medio de mi corazón Borges perdido en su laberinto, aquí, estimados/as, aquí estoy yo tras los pasos de la historia de la civilización humana. Y encima tengo el tupé de acusar de añejo al mecanismo que le da movimiento eterno y circular al universo concebido en la mente de los hombres y mujeres que nos antecedieron en la escritura letrada... já, qué tupé...


(y si ustedes -obstinados- creen que no tuvieron suficiente merecido jurásico en estas palabras, en la próxima pongo una foto de mis compañeras... ¡cuco!)